(video) El Intentende Arroyo y los que verdaderamente viven de la teta del Estado

Del nepotismo que caracterizó al intendente Arroyo desde el inicio de su gestión, hasta la lluvia designaciones de funcionarios de los últimos días, no hace más que confirmar quienes son los que verdaderamente viven de la teta del estado.

Por mucho tiempo, y hasta el cansancio, repitieron, como un mantra, desde algún medio de comunicación sostenidos con cuantiosa pauta publicitaria, que los piqueteros y las organizaciones sosciales vivían de la teta del estado. Claro, ponía los males de todo y tan cuestinable proceder en cabeza de otro, para alejar las miradas y de sus propios actos. Pero por mucho que se repita una mentira, no se transforma en verdad, ni siquiera una pequeña verdad; y más temprano que tarde las mentiras y las miserias personales comienzan a aflorar.

En las última horas, el intendente realizó una nueva designación en su planta política y nombró como director general de la Secretaría de Cultura a Pablo Jacobo, quien tendrá un sueldo básico de más de 100 mil pesos.   Pablo Jocobo es hijo del periodista José Luis Jacobo, que según el Diario La Capital, “cuenta con un fuerte apoyo económico de la Municipalidad con pauta publicitaria, integra el círculo cercano del intendente Carlos Arroyo y es uno de los polémicos consejeros que genera  incomodidad en el oficialismo”.

Pero este último nombramiento se suma al de Verónica Giovanniello como subsecretaria de Hacienda; Mónica Felices como directora general de Asuntos de la Comunidad y Federico Matias, Daniela Castro y Samuel Albarracín como directores coordinadores de la Secretaría de Educación.

Claro que estos que “viven de la teta del estado”, se creen merecedores de ello, y en algunos casos dueños de señalar a los demás con su lengua acusadora y plagada de doble discurso y dudosa moral.

El papa Francisco, en su primer discurso en Panamá, en la última Jornada Mundial de la Juventud pidió transparencia y dijo que “El servicio público es sinónimo de honestidad y justicia”, “Es una invitación a vivir con austeridad y transparencia, en la responsabilidad concreta por los demás y por el mundo; llevar una vida que demuestre que el servicio público es sinónimo de honestidad y justicia, y antónimo de cualquier forma de corrupción”. Lamentablemente en Mar del Plata nadie lo escuchó.

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